A dos décadas de los hechos de violencia registrados en San Salvador Atenco, la presidenta Claudia Sheinbaum encabezó la presentación del Plan de Justicia para la región, en un acto que combinó memoria, reconocimiento y acciones concretas de reparación.
Como parte central del evento, el gobierno federal formalizó la segunda restitución de tierras al ejido de Atenco, con la devolución de 54.5 hectáreas distribuidas en 81 parcelas destinadas a uso agrícola. La medida se suma a una primera entrega realizada en años anteriores, en un proceso que busca revertir el despojo asociado a proyectos de infraestructura impulsados en administraciones pasadas.
Durante su intervención, la mandataria sostuvo que el caso Atenco simboliza una etapa marcada por la represión y la imposición de intereses económicos sobre las comunidades, y contrastó ese periodo con el modelo actual, basado en el diálogo y el reconocimiento de derechos. “Donde hubo despojo, hoy hay restitución; donde hubo represión, hoy hay diálogo”, afirmó.
El Plan de Justicia contempla una intervención integral en la zona, con acciones en materia de acceso al agua, salud, educación, medio ambiente y desarrollo agrícola. Entre los avances reportados se encuentran proyectos de recuperación ambiental en la cuenca del Lago de Texcoco, la perforación de pozos de agua potable y la implementación de programas productivos para comunidades rurales.
La presidenta también destacó decisiones emblemáticas como la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco, la construcción del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles y la declaratoria del lago como Área Natural Protegida, medidas que, aseguró, responden a una visión distinta de desarrollo.
Sin embargo, durante el acto, representantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra recordaron que, pese a los avances, persiste una deuda en materia de justicia. Señalaron que los responsables de los operativos de 2006 no han sido sancionados y reiteraron su exigencia de castigo a los culpables.
El evento evidenció así una doble narrativa: por un lado, la del gobierno federal que impulsa medidas de reparación y reconocimiento; por otro, la de las comunidades que mantienen viva la exigencia de justicia plena.
Con este acto, Atenco se reafirma como un símbolo de resistencia social y un referente en la discusión sobre derechos territoriales, desarrollo y memoria histórica en México.