La información pública no es una mercancía ni un privilegio reservado para unos cuantos. Es un derecho del pueblo y una condición indispensable para la vida democrática. Un pueblo bien informado puede participar, exigir cuentas y evaluar a quienes gobiernan; un pueblo al que se le oculta la información difícilmente puede ejercer plenamente su libertad.
Ese es el sentido de La Mañanera: un ejercicio de comunicación directa, transparencia y rendición de cuentas que transformó la relación entre el poder y la ciudadanía.

