Por: Héctor Herrera
México está avanzando en la adopción de inteligencia artificial (IA) más allá de los laboratorios, integrándola directamente en la manufactura, uno de los sectores más estratégicos de su economía, según el informe Latin America in the Intelligent Age: A New Path for Growth, del World Economic Forum (WEF) y McKinsey.
El documento destaca que el país ha conectado la investigación tecnológica con la operación industrial mediante programas nacionales de Industria 4.0, aplicando IA en mantenimiento predictivo, control de calidad y optimización de la cadena de suministro. Este enfoque indica que México avanza hacia la adopción de IA en procesos centrales, con impacto medible en costos, tiempos y productividad, en lugar de limitarse a proyectos piloto.
Sin embargo, el WEF advierte que en América Latina el valor económico de la IA sigue siendo limitado. Solo 23% de las organizaciones reporta algún beneficio, y apenas 6% logra un valor significativo. El principal desafío es integrar la IA de manera consistente en los procesos de negocio, con métricas claras, capacidad de replicación y apoyo directivo.
El informe también subraya la brecha frente a los líderes globales, sobre todo en talento calificado, modelos operativos y escalamiento. La IA podría aportar entre 1.1 y 1.7 billones de dólares anuales a la economía de la región, cerca del 6% del potencial global, siempre que se ejecute de forma sostenida y organizada.
Entre los retos adicionales se encuentran marcos regulatorios poco claros, preocupaciones por privacidad de datos, baja inversión en la región (1.6% del total global frente a un PIB de 6.3%) y limitaciones de infraestructura, como electricidad y agua para centros de datos. La brecha de productividad entre pymes y grandes empresas —53% en México— también representa un riesgo si la adopción tecnológica se concentra solo en corporativos.
El informe concluye que el verdadero valor de la IA se alcanza cuando se integra en los procesos centrales de la empresa, especialmente en manufactura y cadena de suministro. México ha dado los primeros pasos con programas de Industria 4.0, pero el desafío ahora es escalar, estandarizar y medir el impacto para traducir la tecnología en productividad real y competitividad global.