La imagen de Omar García Harfuch ha dado un salto inusual: de la estrategia de seguridad a los hogares. En la Ciudad de México y el Estado de México, ya se comercializan cobijas y frazadas con su rostro, en un fenómeno que mezcla popularidad política con consumo cotidiano.
En tianguis, mercados y tiendas, estos productos han comenzado a ganar visibilidad. Comerciantes locales han incorporado su imagen en diseños textiles que tradicionalmente estaban reservados para figuras del deporte o personajes del entretenimiento. La respuesta del público ha sido suficiente para que su distribución se expanda rápidamente.
Municipios como Ecatepec muestran con claridad esta tendencia. En sus calles, las cobijas con la imagen del funcionario forman parte de la oferta habitual, elaboradas por trabajadores del sector textil que han sabido adaptarse a la demanda.
Más allá de su función básica, estos artículos reflejan un fenómeno social particular: la apropiación de figuras públicas en objetos de uso diario. Para algunos, representan una forma de identificación con el personaje; para otros, una curiosidad que combina actualidad y cultura popular.
El alcance de esta tendencia también se ha extendido al entorno digital. En internet, las cobijas se venden en precios cercanos a los 300 pesos, lo que ha permitido que el producto llegue a más consumidores y consolide su presencia fuera de los puntos de venta tradicionales.
Este caso evidencia cómo la popularidad puede transformarse en oportunidad comercial. La figura de García Harfuch no solo permanece en el debate público, sino que ahora también se posiciona en el mercado, confirmando que la influencia mediática puede trasladarse, incluso, a los objetos más cotidianos del hogar.