Por: Héctor Herrera
La instalación fue realizada por integrantes del colectivo Justicia y Dignidad Veracruz, quienes subrayaron que el objetivo principal no es solo honrar la memoria de quienes no han regresado a casa, sino exigir avances reales en la búsqueda, localización e identificación de miles de restos humanos recuperados en fosas clandestinas.
Lidia Lara, representante del colectivo, llamó a la sociedad a no acostumbrarse a esta realidad. Recordó que cualquier familia puede enfrentar una desaparición y que normalizarla implica aceptar la impunidad y el abandono institucional que, desde hace más de una década, acompaña a este fenómeno en Veracruz.
Los familiares denunciaron que los procesos de confronta e identificación avanzan con lentitud, pese a la magnitud del problema. Muchos restos permanecen en servicios médicos forenses sin que se logre darles nombre, lo que prolonga la incertidumbre y el dolor de las familias.
Además, señalaron que los constantes cambios en la Fiscalía estatal afectan directamente los trabajos de búsqueda, ya que se reemplaza a personal con experiencia, lo que obliga a reiniciar procesos y retrasa resultados. Esta situación, afirman, profundiza la sensación de desatención y desgaste entre los colectivos.
La dimensión del problema se refleja también en el crecimiento del propio colectivo Justicia y Dignidad Veracruz, que en apenas dos años cuadruplicó su número de integrantes, al pasar de 50 a más de 200 familias, una cifra que da cuenta de que las desapariciones continúan.
De manera paralela al memorial en Veracruz, colectivos afines realizaron veladas por la paz, la unidad y el regreso de las personas desaparecidas en ciudades como Xalapa y Poza Rica. En estos espacios se colocaron veladoras y se elevaron plegarias, no solo como un acto simbólico, sino como una exigencia pública de justicia en fechas que, para muchas familias, siguen marcadas por la ausencia.
El "Arbolito de la Ausencia" se erige así como un recordatorio incómodo pero necesario: detrás de cada nombre faltante hay una familia que espera respuestas y un Estado que aún tiene cuentas pendientes.