Aprender con algoritmos: la inteligencia artificial redefine el estudio universitario

Por: Inés Arroyo 

La inteligencia artificial generativa se ha integrado de manera acelerada en la rutina académica de los estudiantes universitarios. Herramientas como ChatGPT, de OpenAI, y Gemini, de Google, dejaron de ser un apoyo ocasional para convertirse en recursos habituales de consulta, repaso y organización del aprendizaje, especialmente entre jóvenes que cursan licenciaturas y posgrados.

Alexis, estudiante francés de 24 años que realiza una maestría en finanzas en Madrid, ejemplifica este cambio. Para estudiar, ya no recurre únicamente a apuntes o tutorías tradicionales: envía el contenido de sus cursos a ChatGPT, que le explica los temas y posteriormente le formula preguntas para evaluar su comprensión. Esta función, conocida como "modo de estudio", busca guiar al alumno en el proceso de razonamiento, en lugar de ofrecer respuestas inmediatas.

La incorporación de estas herramientas no ocurre de manera aislada. Universidades y docentes comienzan a promover su uso bajo el argumento de que la alfabetización en inteligencia artificial será indispensable en el entorno laboral, particularmente en sectores como las finanzas, la tecnología y la consultoría. En ese contexto, las grandes empresas del sector han intensificado su presencia en el ámbito educativo.

Google lanzó campañas dirigidas a estudiantes universitarios, como la oferta de un año gratuito de su servicio de inteligencia artificial avanzada, además de suscripciones colectivas para instituciones educativas. OpenAI, por su parte, amplía funciones diseñadas específicamente para el estudio. Para especialistas en plataformas digitales, esta estrategia responde a un objetivo claro: fidelizar a los usuarios desde etapas tempranas de su formación.

Antonio Casilli, profesor del Instituto Politécnico de París, advierte que el mercado universitario resulta especialmente atractivo, ya que permite crear hábitos de uso prolongados en el tiempo. Además, señala que, aun cuando las empresas aseguran no utilizar los datos académicos para entrenar sus modelos, estas herramientas pueden inferir patrones de comportamiento, intereses y relaciones sociales a partir de la interacción cotidiana.

Desde el ámbito pedagógico, el debate se mantiene abierto. Para algunos especialistas, la inteligencia artificial puede ayudar a los estudiantes a superar dificultades cuando estudian de manera autónoma y reducir la deserción académica. Para otros, el riesgo está en generar dependencia y desplazar el desarrollo de habilidades críticas si no se establecen límites claros.

Las cifras reflejan la magnitud del fenómeno. En Francia, el 85% de los jóvenes entre 18 y 24 años utiliza inteligencia artificial generativa de forma habitual. Esta tendencia anticipa un futuro en el que los contenidos educativos podrían adaptarse de manera personalizada a los intereses de cada alumno, desde ejemplos hasta ejercicios específicos.

La presencia de la inteligencia artificial en las aulas ya no es una hipótesis, sino una realidad en expansión. El desafío ahora es definir su papel en la educación sin perder de vista la autonomía del aprendizaje y la protección de la información personal.