Por: Inés Arroyo
Este Día de Reyes Magos, una imagen tradicional prácticamente desapareció del cielo: los globos con cartas dirigidas a Melchor, Gaspar y Baltasar. A diferencia de otros años, en plazas, calles y azoteas se observó una notable disminución de esta práctica, resultado de una mayor conciencia ambiental y de los llamados oficiales para evitar actividades que generan contaminación.
Durante años, lanzar globos con cartas fue una de las formas más populares de "enviar" los deseos de niñas y niños. Sin embargo, autoridades ambientales, especialistas y colectivos ecologistas han insistido en que esta costumbre, aunque simbólica, tiene un impacto negativo en el medio ambiente, lo que ha motivado a muchas familias a modificar la forma de celebrar.
De acuerdo con dependencias ambientales, los globos liberados al aire no desaparecen, sino que terminan cayendo en suelos, ríos, áreas naturales o incluso en el mar, donde se convierten en residuos de larga duración. Aunque algunos están hechos de látex, muchos contienen tratamientos químicos y materiales sintéticos que tardan años en degradarse, contribuyendo a la acumulación de basura y a la contaminación de ecosistemas.
Uno de los principales riesgos señalados es el daño a la fauna. Aves, peces y otros animales pueden confundir los restos de globos con alimento, lo que puede provocar obstrucciones internas, lesiones graves o la muerte. Además, las cintas e hilos utilizados para amarrar las cartas representan un peligro adicional, ya que pueden enredarse en patas, alas o picos.
Ante este panorama, diversas autoridades estatales y municipales promovieron este año un Día de Reyes sin globos, acompañado de campañas informativas dirigidas a madres, padres y tutores. El mensaje central fue claro: la ilusión infantil puede mantenerse sin poner en riesgo al entorno.
Como alternativa, se impulsó el uso de buzones especiales para cartas, la entrega simbólica en plazas públicas o la colocación de los mensajes en casa, opciones que han ganado aceptación y permiten conservar el sentido de la tradición sin generar residuos contaminantes.
Especialistas en educación ambiental coinciden en que este cambio no representa la pérdida de una costumbre, sino su evolución hacia prácticas más responsables. Señalan que involucrar a niñas y niños en estas decisiones fortalece valores como el cuidado del planeta y la empatía hacia otras formas de vida.
La menor presencia de globos este 2026 refleja, así, un ajuste colectivo en la manera de celebrar, donde la magia del Día de Reyes se combina con una visión más consciente del impacto ambiental. Una transformación que, lejos de apagar la ilusión, busca que esta perdure en un entorno más sano para las próximas generaciones.