Cortina d'Ampezzo, Italia.— Los Juegos Olímpicos de Invierno 2026 vivieron un momento de conmoción cuando la esquiadora estadounidense Lindsey Vonn, de 41 años, sufrió una aparatosa caída durante el descenso femenino en la pista Tofana, apenas 13 segundos después de iniciar su recorrido.
Vonn, que regresaba al escenario olímpico tras casi seis años retirada, competía con la rodilla derecha reconstruida con titanio y una lesión reciente en la izquierda. Tras golpear una puerta con el hombro derecho, sus esquís se cruzaron y comenzó a rodar ladera abajo, deteniendo la competencia y generando un silencio absoluto entre los asistentes.
La esquiadora fue inmovilizada y evacuada en helicóptero, trasladada primero a una clínica local y luego al hospital Ca' Foncello de Treviso, donde se sometió a una operación ortopédica para estabilizar una fractura en la pierna izquierda. El equipo médico informó que Vonn se encuentra estable y bajo cuidado especializado.
Con un historial deportivo extraordinario —84 victorias en la Copa del Mundo, oro olímpico en Vancouver 2010 y múltiples campeonatos mundiales—, el regreso de Vonn era uno de los focos de atención de estos Juegos. Su participación se daba en medio de un contexto físico complejo, tras lesionarse días antes en Suiza, donde sufrió ruptura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda, daño en menisco y contusión ósea.
La caída generó reacciones de apoyo y admiración. Breezy Johnson, ganadora del oro, destacó el impacto emocional del accidente, mientras la presidenta del Comité Olímpico Internacional, Kirsty Coventry, y el presidente de la Federación Internacional de Esquí y Snowboard, Johan Eliasch, reconocieron la valentía de la atleta y su contribución al deporte.
El accidente de Lindsey Vonn se suma a los episodios más recordados de la historia del esquí alpino olímpico, no solo por la violencia del impacto, sino por el perfil de la atleta y el contexto de su regreso, reafirmando la peligrosidad y el dramatismo del descenso femenino a nivel olímpico.