El papa León XIV lanzó una de las posturas más contundentes del Vaticano sobre el avance de la inteligencia artificial al presentar la encíclica Magnifica Humanitas, documento en el que advirtió sobre los riesgos éticos, sociales y humanos derivados del desarrollo acelerado de esta tecnología.
En el texto, el pontífice sostuvo que la inteligencia artificial representa una fuerza que ya transformó la vida cotidiana y cuya expansión obliga a establecer límites claros, regulación efectiva y una vigilancia permanente para proteger la dignidad humana.
León XIV subrayó que, pese a sus capacidades tecnológicas y velocidad de procesamiento, la inteligencia artificial no puede equipararse con la inteligencia humana debido a que carece de conciencia moral, emociones, experiencia y comprensión real de la vida.
“Las denominadas inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor”, expresó el líder de la Iglesia católica al advertir sobre la tendencia de atribuir capacidades humanas a sistemas automatizados.
El Papa alertó que estas herramientas son capaces de imitar conversaciones, emociones y conductas humanas, incluso simular empatía o afecto, pero enfatizó que no comprenden el significado de aquello que producen ni asumen responsabilidad sobre las consecuencias de sus acciones.
En ese contexto, consideró que el crecimiento de estas tecnologías puede provocar que las personas deleguen cada vez más su pensamiento crítico, creatividad y capacidad de decisión en respuestas automatizadas diseñadas para ofrecer soluciones rápidas e inmediatas.
El pontífice también cuestionó la aparente neutralidad de la inteligencia artificial, al señalar que los sistemas reflejan los valores, prejuicios y parámetros culturales de quienes los diseñan y entrenan, lo que puede derivar en nuevas formas de exclusión, discriminación o manipulación.
Además, advirtió sobre el riesgo de permitir que decisiones sensibles relacionadas con empleo, acceso a servicios o reputación de las personas queden en manos de algoritmos automatizados sin supervisión humana suficiente.
Frente a este panorama, León XIV pidió que el uso de la inteligencia artificial esté acompañado por controles efectivos, criterios éticos y mecanismos de participación social que impidan concentrar el poder tecnológico y el manejo de datos únicamente en el sector privado.
El líder religioso sostuvo que los datos generados por millones de personas no deben convertirse en propiedad exclusiva de corporaciones tecnológicas, sino estar sujetos a regulación y supervisión pública.
Finalmente, el Papa afirmó que la humanidad ya vive inmersa en un entorno dominado por la inteligencia artificial y advirtió que el reto no consiste únicamente en regularla, sino en “desarmarla” y volverla una herramienta más humana, segura y acogedora para las sociedades.